Puerto Deseado, el elegido por los Penacho Amarillo

De corsarios y navegantes, de huelgas obreras y estancias patagónicas, de colonias de pingüinos y navegaciones por la ría… de eso se trata Puerto Deseado. Una ciudad de 16 mil habitantes, construida sobre un macizo rocoso, un pequeño oasis en la estepa patagónica que sabe combinar muy bien naturaleza e historia para dejar maravillado a quien la visite.

Luego de dos horas y cuarto de vuelo hasta Comodoro Rivadavia en Chubut y de recorrer 320 kilómetros por la ruta 3, también conocida como ruta Azul por trazar su recorrido bordeando el Mar Argentino, llegamos a Puerto Deseado en la provincia de Santa Cruz invitados por las Secretarías de Turismo del gobierno provincial y del municipio para conocer los principales atractivos turísticos de este lugar, muchos de ellos únicos, como la Reserva Natural Provincial Ría Deseado.

Siguiendo la ría

Puerto Deseado es la única localidad de Sudamérica que posee una Ría, la cual fue declarada Reserva Natural Intangible en 1992. Se formó hace aproximadamente 10 mil años cuando el río Deseado abandonó su cauce natural al retirarse los glaciares en la última glaciación y fue invadido por el mar transformando el río en ría. Fue Hernando de Magallanes quien la encontró de casualidad, cuando en realidad buscaba el poniente en su intento de circunnavegación de la tierra, en el año 1520. Tiene un recorrido de 42 kilómetros que son navegables en su totalidad a través de distintos circuitos náuticos ofrecidos por tres operadores turísticos. “Es un área protegida. Las excursiones se realizan en embarcaciones abiertas, en contacto con la naturaleza, la fauna, contemplando el paisaje y escuchando el sonido de las aves, es un acontecimiento natural que no se da en muchos lugares del mundo” expresa Mónica Quintoman, subsecretaria de turismo de la Municipalidad de Puerto Deseado.

La punta de la orilla, en la boca de la ría, se conoce como Punta Cavendish en honor al corsario inglés Thomas Cavendish quien en 1586 llegó con su nave insignia Port Desire y bautizó con ese nombre a la ciudad, quedando Puerto Deseado por su traducción al español. Hoy se puede revivir el recorrido que hizo el navegante a través del paseo autoguiado Derrotero del Corsario que incluye 6 paradas que, a su vez, son excelentes puntos panorámicos para fotografiar.

Visitando a los pingüinos

Los paisajes y su biodiversidad nos provocan suspiros a cada paso. Cormoranes grises, imperiales, roqueros; lobos marinos; ostreros; gaviotines; petreles; y toninas overas, nos acompañan en el viaje de navegación hasta Isla Pingüinos donde nos espera el protagonista principal de Puerto Deseado: el pingüino Penacho Amarillo. Un pequeño y simpático ave de apenas 40 centímetros de altura que llama la atención por sus características plumas amarillas a los lados de su cabeza, los ojos rojos y un pico de color anaranjado intenso.

Cada octubre una colonia de 3000 ejemplares llega a este Parque Interjurisdiccional Marino que tiene la particularidad de ser el único lugar de Sudamérica accesible para visitarlos desde el continente y permitir la vivencia de estar a pocos metros de ellos mientras los contemplamos tomando unos mates con la ría de fondo. Por su forma de desplazarse de un lugar a otro son conocidos como “saltadores de rocas”. “El macho llega primero en octubre para preparar el nido que hace con piedras y ramas, luego llega la hembra y pone dos huevos (de los cuales generalmente sobrevive uno). Durante 40 días los van a estar incubando turnándose, mientras uno permanece en el nido dándoles calor y protegiéndolos de otras aves que puedan atacarlos, el otro va a estar en el mar tres o cuatro días buscando comida. Cuando los pichones nacen también se toman turnos para cuidarlos y alimentarlos y ya en enero están lo suficientemente grandes como para cuidarse solos. En ese momento la demanda de alimentos es mayor, por lo tanto los dos padres suelen salir a buscar alimentos y los dejan en guarderías que son muchos pichoncitos en una cueva al cuidado de dos o tres adultos. El pichón a los 3 meses ya cambió sus plumas (luego de un proceso de impermeabilización) y se mete en el agua, separándose de su familia, y a los 4 años puede reproducirse. A fines de marzo se vuelven a ir para regresar el próximo octubre a la misma colonia donde nacieron y al mismo nido para reproducirse”, cuenta Chantal Torlaschi, bióloga marina y guía turística.

Los Penacho Amarillo no son los únicos habitantes de esta isla, ya que al llegar a ella los primeros que nos reciben son sus parientes cercanos, los pingüinos de Magallanes. Como si estuviéramos entrando a al set de filmación de la película Happy Feet, desde la embarcación ya los vemos bajar el cerro en fila para sumergirse en el mar en busca de comida. Al descender, por donde miremos, nos encontramos con grupos de ellos y no es para menos ya que se estima que son más de 50 mil los que habitan ese lugar también entre octubre y marzo. “Promovemos un turismo sustentable y responsable. La idea es impactar lo menos posible sobre las especies, poder observarlas, disfrutarlas, sacarles fotos pero siempre respetando el lugar y la prioridad que tienen estos animales, dejarles el paso, no acercarnos demasiado, no hacer que se sientan que están invadidos, dejar la menor cantidad de huella, respetar los senderos, estar en un ambiente tranquilo sin gritos, hacernos invisibles, no dejar basura”, explica Chantal. En la misma isla conviven también escúas, lobos y elefantes marinos y, como no podía ser de otra manera, la historia de un faro que tiene más de un siglo y funcionó hasta el año 2016 y los restos de las calderas de una factoría de lobos marinos que quedaron desde el siglo XVIII cuando los habitantes del lugar derretían la grasa del lobo para obtener el aceite que era el combustible de la época, conforman un patrimonio histórico y cultural muy importante que se suma a la belleza natural.

La isla de los Pájaros es otro lugar elegido por los pingüinos de Magallanes. Al llegar encontramos a muchos de ellos en sus cuevas, entre medio de la vegetación seca y baja, donde se ubican para proteger a sus huevos de las amenazantes gaviotas. Es posible ver a los pichones con su pelaje gris que da cuenta de su corta edad y a los adultos andar de acá para allá con sus pasos torpes y ligeros. Nos acercamos despacio, sigilosos para no molestarlos, y ellos se dejan sacar fotos. Cruzamos miradas y hasta parece que nos sonrieran dándonos permiso para compartir su casa mientras se sumergen en el agua o se echan al sol. “Somos los que tenemos que respetar el lugar para que se conserve de la mejor manera. A veces los pingüinos ocupan el sendero y debemos desviarnos porque uno está en su territorio, hay que tratar de interferir lo menos posible”, dice la guía turística Roxana Goronas.

Historia y presente

En cada rincón de Puerto Deseado se respira historia. Navegando por la ría, al llegar al paraje La Mina podemos sentir el vigor de esos navegantes que se encontraron en siglos pasados con estos inóspitos paisajes mientras hacían sus largos viajes hasta África en busca de especias. Hasta allí llegó en 1599 el general holandés Olivier Van Noort para quedarse por 39 días en los que perdió varios de sus compañeros de viaje en lucha con los nativos. En su homenaje, el cerro al que se accede con un trekking de mediana complejidad, lleva su nombre. Desde lo alto se puede observar la dimensión de la ría con sus aguas color esmeralda y estar en contacto directo con la naturaleza en su estado más virgen.

En la ciudad, los recuerdos de la Patagonia Rebelde están presentes en el recorrido del circuito De cara a la Livertá que marca los principales escenarios donde ocurrieron algunos de los sucesos de las huelgas obreras de 1921. El ferrocarril, que llegaba hasta el puerto y dejó de funcionar en 1978, fue un gran protagonista al transportar las tropas a cargo del teniente coronel Benigno Varela, quien llegó en el vagón reservado 502 para reprimir a los huelguistas. A punto de ser mandado a desguase, ese coche fue salvado por la maestra Beatriz Glesner quien se interpuso con su Fiat 600 al grito de: “no voy a permitir que se lleven nuestro vagón histórico”. Gracias a ese acto de valentía de esta vecina declarada ciudadana ilustre, hoy el vagón 502 es Monumento Histórico Provincial y puede ser visitado al igual que el museo ferroviario y la estación del ferrocarril.

Los museos del Policlínico y del Pueblo guardan las costumbres de una población que supo crecer al ritmo del puerto, con sus casas típicas de chapa acanalada o de piedras volcánicas que aún se pueden ver habitadas. La Sociedad Rural, fundada en 1913, fue la primera de la provincia de Santa Cruz y la segunda de la Patagonia y, además, está ubicada en medio de un paisaje de rocas volcánicas que le dan un contorno inigualable dentro del recorrido que se llama Camino del Cinco. Y, por si les faltara alguna cucarda, la parroquia nuestra señora de la Guardia cuenta con un faro que es uno de los más importantes y reconocidos a nivel mundial que aún hoy sirve de guía para los navegantes. Siguiendo con la mística religiosa, un lugar imperdible para visitar es el Santuario Gruta de Lourdes. Con el cañadón de las Bandurrias como escenario natural, a medida que vamos ingresando nos sorprende cada vez más. Con paredones de piedras de hasta 20 metros de altura, “se inauguró en 1947 y, luego de varios años abandonado, un matrimonio deseadense se hizo cargo de su cuidado” cuenta Jésica Gómez, Directora de Turismo de Puerto Deseado. Un lugar que hasta el más escéptico se va a quedar con la boca abierta.

Sin dudas, esta pequeña ciudad al noreste de la provincia de Santa Cruz nos sorprende por su inmensidad histórica y natural, que la hace digna de incluirla en nuestra ruta de viaje.

No te pierdas la nota del próximo jueves porque hay mucho más para contarte sobre Puerto Deseado, vas a vivir la experiencia de recorrer una típica estancia Patagónica admirada por el naturalista Charles Darwin.

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