Catamarca, entre valles y telares

Catamarca es, de las provincias argentinas, una de las menos exploradas por los turistas. Sin embargo, su belleza paisajística y su riqueza cultural la hacen digna de ser visitada. Con sus valles que guardan celosamente sitios arqueológicos y las manos de sus hilanderas que hacen arte en cada telar, invita a un recorrido que, sin dudas, es la mejor medicina para el alma.

Por el corredor de la Ruta 40

La riqueza natural, cultural, arquitectónica y gastronómica de los pueblos que integran los Valles Calchaquíes, se puede conocer en un paseo que comienza en Santa María de Catamarca y, a través de la ruta 40, visitar sitios arqueológicos diaguitas e incas como Las Mojarras, Fuerte Quemado, Ruinas de los Quilmes, El Pichao y las Ruinas del Tolombón.

La localidad de Santa María está ubicada en el centro este de Catamarca y es capital del departamento del mismo nombre. Sus tierras fueron asiento de culturas milenarias que habitaron la región con la más alta densidad poblacional prehispánica. Tiene el atractivo, además, de estar en la zona del oasis bajo riego del Valle de Yokavil, en el sur de los Valles Calchaquíes y al pie del nevado de Aconquija.

El circuito incluye también un recorrido urbano donde sobresalen las visitas por sus edificios de estilo colonial, su bodega comunitaria, su molino artesanal y sus telares. Se llega hasta el pequeño poblado de Chañar Punco, separado de la cabecera departamento por el río Santa María, donde está el sitio arqueológico Rincón Chico, un centro donde se recibía a las autoridades militares, civiles y espirituales de la nación diaguita.

El sitio arqueológico Fuerte Quemado es otro de los atractivos. Allí los turistas pueden apreciar los vestigios de culturas como los de Santa María, Belén y San José, que se caracterizan por la planificación arquitectónica incaica y las artesanías.

Alfombras con propósito

Decir Catamarca es pensar en sus telares, alfombras y tapices. Es admirar a esas silenciosas hilanderas que, día a día, crean tejidos que dejan boquiabiertos a los turistas que las visitan.

No se puede estar en la provincia sin pasar por su Fábrica Artesanal de Alfombras y realizar una visita guiada para conocer la historia y el trabajo que allí se realiza. Su origen se remonta al año 1954 cuando fue llevada desde su original Andalgalá a la capital catamarqueña, y sirvió de proveedora de una comercializadora de alfombras de Buenos Aires que distribuyó en todo el mundo sus tejidos. Pero fue en 1969 cuando el emprendimiento quedó bajo la tutela del gobierno provincial transformándose en un taller que, además de producir, se abocó a la capacitación de mujeres tejedoras.

Se trata de un taller-escuela, ubicado a poco más de cuatro kilómetros del centro de la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca, que se abre a los curiosos turistas para que puedan conocer cada paso de la producción artesanal y, por su puesto, adquirir productos únicos.

Las alfombras son las principales protagonistas. Los tejidos se hacen nudo por nudo y se confeccionan con tramados de entre 40 y 160 mil nudos por metro cuadrado. Según cuenta Mabel Córdoba, jefa del taller de hilados, «para un metro cuadrado de alfombra de cincuenta y dos mil nudos, el tiempo estimado de finalización del trabajo es de aproximadamente un mes y medio». Claro que si hablamos de un diseño persa, la demora es de dos meses y medio. Este tiempo que cada hilandera le dedica a su creación, nos hace pensar en la importancia de la valorización del trabajo final que, sin dudas, tiene más que merecido el respeto por un precio justo.

Hilados que unen

En Santa María, a 450 kilómetros de la capital catamarqueña, la Cooperativa de Artesanas Textiles Tinku Kamayu, cuyo nombre que en quechua significa “reunidas para trabajar”, es desde el año 2001 no solo un referente de la técnica del hilado tradicional sino un ejemplo de cómo la cultura del trabajo dignifica.

“En 2001 no había trabajo y yo estaba en la escuela focolar de artesanías Aurora donde tenían pedidos pero tenían que comprar hilos en una fábrica y no podían hacerlo, entonces me pregunté ¿por qué no hilar en vez de comprar allí cuando mi gente estaba sufriendo?”, recuerda Margarita Ramírez de Moreno, descendiente de calchaquíes y promotora de la creación de la Cooperativa. De esta manera comenzaron a rescatar las técnicas ancestrales de hilado y tejido de la cultura calchaquí para trabajar la lana de llama y oveja.

En la visita al taller, los visitantes pueden conocer la experiencia del Tinku, las técnicas del hilado y del tejido, las prendas terminadas, y charlar con las hilanderas mientras comparten unos ricos mate. “Al final les propongo si quieren hacer una pequeña ceremonia de la Pachamama. Para nosotros es tan importante que ellos vengan, los recibimos con una alegría muy grande”, dice Margarita.

Darse la oportunidad de conocer todo lo que Catamarca tiene para ofrecer, es regalarse postales que quedarán guardadas para siempre en la memoria y el corazón.

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