Tren a las Nubes, un viaje al cielo de la puna salteña

¿Quién no soñó alguna vez con tocar el cielo con las manos? Hay un lugar en la Puna argentina donde es posible hacerlo realidad. A 4220 metros sobre el nivel del mar, es el Tren a las Nubes en Salta el que nos lleva a cumplir ese sueño que parece inalcanzable.

Desde 1972 este emprendimiento ferro turístico atraviesa en su recorrido las obras más imponentes de la ingeniería del siglo pasado y visita los pueblos de la región llevando a los turistas a conocer su cultura y gastronomía autóctona.

En sus primeros tiempos, el Tren a las Nubes partía desde la ciudad de Salta capital atravesando el Valle de Lerma para introducirse en la Quebrada del Toro y llegar hasta la Puna de Atacama. Pero, desde el año 2015, su inicio se encuentra en la ciudad de San Antonio de los Cobres y transita hasta el Viaducto la Polvorilla, sobre la Cordillera de los Andes. 

El viaje se divide en dos momentos. El primero es por tierra, en bus por la ruta nacional 51 donde se visitan pueblos que parecen detenidos en el tiempo. La primera parada es en la localidad de Campo Quijano, en el valle de Lerma, donde se encuentra un monumento al ingeniero Richard Maury, constructor del tendido ferroviario de El Tren a las Nubes. Por ser el acceso más práctico hacia la Puna, es conocida como Portal de los Andes. Luego de una parada fotográfica se continúa hasta el Viaducto El Toro desde donde se observa una vista panorámica de la localidad de Ingeniero Maury y se transita entre quebradas bordeando la vía por donde pasaba antiguamente el tren.

Unos kilómetros más y se llega a la próxima parada. Entre los cerros del valle de Lerma está El Alfarcito, un pueblo con su economía basada en la producción agrícola y la cría de cabras y ovejas, que se vio revitalizado con la actividad turística. Allí, los integrantes de la Fundación Padre Chifri, esperan a los visitantes para compartir un desayuno campestre elaborado en base a productos regionales e invitarlos a recorrer la iglesia, el museo, el centro de artesanos, el colegio y, por supuesto, a escuchar a los copleros que transmiten los relatos y creencias de la zona.

Ahora sí, luego de pasar por la Quebrada de las Cuevas y la llanura de Muñano, se llega a San Antonio de los Cobres donde el tren espera para dar inicio a ese sueño de tocar el cielo con las manos. Sus siete vagones cuentan con coche comedor, consultorio médico, audio, video y guías bilingües.

Entre cardones, vuelos de cóndores andinos que acompañan el viaje, y miradas atentas de vicuñas, guanacos y llamas, el tren avanza hasta dejar a sus pasajeros boquiabiertos en el viaducto La Polvorilla donde atraviesa un prolongado puente de gran altura, único en el mundo por su tramo de curva ascendente con rieles peraltados. Allí, en la altura máxima del recorrido, el viento frío indica que se ha llegado al final del viaje de ida. Luego de bajar para apreciar el viaducto desde tierra, se emprende el regreso hasta San Antonio de los Cobres para visitar a sus pobladores. 

 

Del tracketeo del tren se vuelve al andar del bus que, antes de regresarnos a Salta, regala un tiempo para conocer Santa Rosa de Tastil, su Museo Arqueológico, y reponer energías con una rica merienda.

Así finaliza este viaje en el Tren a las Nubes que, según cuenta la leyenda entre los pobladores de la zona, es el responsable de que la Puna salteña se fusione con el cielo.

En nuestra web podrán encontrar diferentes propuestas que combinan el Tren a las Nubes con  la visita a los pueblos antes o después del recorrido con posibilidad de dormir en estas comunidades. 

Fuente: www.trenalasnubes.com.ar

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