Hay destinos que te sorprenden y te obligan a cambiar la mirada.
Soy Bettina, Directora de Boomerang Viajes, y hace poco viajé a Comodoro Rivadavia y Rada Tilly con una invitación muy especial del área de turismo local. Fui a participar de un encuentro sobre desarrollo sostenible, pero volví con algo más: la certeza de que estamos frente a una Patagonia distinta, que recién empieza a mostrarse.

Un territorio que está cambiando
Durante muchos años, esta zona estuvo completamente atravesada por una sola lógica: el petróleo. Eso definió su identidad, su economía y también su paisaje. Pero hoy, en pleno proceso de transformación, aparece una pregunta mucho más interesante:
¿Qué pasa cuando un territorio decide reinventarse?
Lo que vi en Comodoro y Rada Tilly es justamente eso. Una comunidad que empieza a mirar más allá, a limpiar, recuperar y volver a habitar su entorno desde otro lugar. Y en ese proceso, el turismo aparece como una oportunidad enorme.


El mar como punto de partida
Una de las experiencias que más me marcó fue el paseo náutico. En los últimos años, comenzaron a registrarse ejemplares de ballena sei en esta zona, una especie que no aparecía hacía casi un siglo debido a la caza intensiva del siglo pasado. Hoy, con esa actividad erradicada, el mar empieza a recuperar su equilibrio y, con él, su vida
No es una ballena “espectáculo”. No salta, no se muestra completa. Es rápida, aparece y desaparece. Apenas deja ver su lomo o su cola. Pero justamente por eso, el momento es todavía más impactante. Hay algo muy profundo en ver volver a una especie que había “desaparecido del paisaje”.


Otra forma de mirar el territorio
Más allá de ese momento puntual, lo que más me quedó de este viaje fue la necesidad de cambiar el enfoque. Durante años este fue un territorio pensado para explotar recursos, hoy empieza a pensarse como un lugar para vivir experiencias, para conectar con la naturaleza y para generar valor desde otro lado.
Ahí es donde el turismo tiene un rol clave, porque no se trata solo de atraer visitantes, sino de construir identidad, generar oportunidades locales y hacerlo cuidando el entorno.

Una Patagonia por descubrir
Muchas veces pensamos en la Patagonia como un mapa ya conocido: la ruta de los Siete Lagos, el glaciar Perito Moreno, Puerto Madryn y el faro del fin del mundo… Pero la realidad es que hay miles de kilómetros que todavía no están en el radar del turismo masivo.
En Comodoro Rivadavia y Rada Tilly podés caminar por la costa, hacer senderismo, correr frente al mar, organizar partidos de voley, fútbol o polo, disfrutar de la gastronomía local y, sobre todo, sentir una conexión muy directa con el entorno.
La Reserva Natural Punta del Marqués merece un comentario aparte. Es uno de esos lugares donde el paisaje te obliga a frenar y mirar. Desde lo alto de los acantilados, la vista se abre hacia un mar inmenso, con una presencia difícil de describir.
Algo que me sorprendió especialmente fue justamente esa magnitud. Probablemente, una de las vistas más imponentes que vi en Argentina. Pero no es solo el paisaje: es también la posibilidad de observar la vida que habita ese entorno, como las colonias de lobos marinos que se mueven en la costa, y entender que este territorio está empezando a mostrarse desde otro lugar.

Pensar el destino en conjunto
Algo que me parece clave es no pensar en Comodoro Rivadavia y Rada Tilly como destinos separados, ni mucho menos en competencia. Todo lo contrario: el potencial está en el trabajo conjunto, en construir una propuesta integrada que tenga identidad propia y que pueda posicionarse dentro de una lógica más amplia.

Y eso me lleva a pensar en destinos naturales y únicos cercanos a la zona, como Patagonia Azul, una extensa reserva de biósfera reconocida por la UNESCO que recorre más de 400 kilómetros de la costa atlántica de Chubut. Es un territorio que pone en valor la biodiversidad marina, con especies como pingüinos, ballenas y orcas, y promueve el desarrollo de un turismo responsable, en articulación con las comunidades locales.


También Puerto Deseado, los bosques petrificados, estancias patagónicas con turismo rural…
Pensar estos destinos conectados con ese corredor más amplio no solo amplifica su propuesta, sino que también les da sentido dentro de un modelo de desarrollo que mira a largo plazo. Porque los destinos que crecen de verdad son los que entienden que el desarrollo es colectivo.


El rol del turismo
En el evento en el que participé surgió con mucha fuerza la necesidad de repensar el desarrollo productivo del territorio y de diversificar su matriz, históricamente ligada al petróleo. En ese contexto, desde Boomerang Viajes compartimos algo que fue clave en nuestro camino: la Certificación de Empresa B.
Hace más de 25 años que trabajamos en turismo con una lógica de triple impacto, pero certificar nos permitió poner en valor ese trabajo y, sobre todo, entender que nuestro rol también implica observar y cuidar toda la cadena. Porque cuando hablamos de turismo, no hablamos solo de viajes, hablamos de cultura, de economía local y de ambiente, y eso nos obliga a mirar cada destino con una responsabilidad mucho más amplia.
Una invitación a mirar distinto
Si tuviera que recomendar cómo vivir este destino, diría algo simple: dale tiempo. Un viaje de 4 días y 3 noches es ideal para empezar a conocerlo, especialmente entre noviembre y abril, para disfrutar al máximo del mar y la ballena sei.
Puede ser con amigos, en familia o incluso en solitario. Lo importante no es tanto con quién, sino desde dónde lo hacés. Porque este no es un destino para tachar en una lista, es un viaje para cambiar la mirada.

¿Querés conocer la “otra” Patagonia? Hacé click acá para saber más o escribinos a argentina@boomerangviajes.tur.ar
Es un lugar para observar, para entender y para ser parte, aunque sea por unos días, de un proceso que recién empieza. Y tal vez eso sea lo más interesante de todo, todavía hay lugares en Argentina donde el turismo no llegó a saturar, donde todo está por construirse y donde cada visitante puede ser testigo de la transformación.
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