Escuela Chiara Lubich

La historia de la escuela que es parte de nuestra empresa

Soy Bettina, Directora de Boomerang Viajes y representante legal de la Escuela Chiara Lubich, una institución que es posible gracias a una mirada distinta del sector privado, a la acción colectiva y, también, a los miles de viajeros que nos eligen.

Marzo es el Mes de las Empresas B y este año el lema –“Una simple letra, un gran significado”- nos invita a reflexionar sobre qué hay detrás de ese logo que con orgullo ponemos junto al nuestro. 

Para muchos, la B es un símbolo de confianza, un indicador de que esa empresa se compromete con las personas y el planeta. Hoy quiero contarles qué significa para nosotros.

Mirar más allá de los destinos

La historia de Boomerang Viajes comenzó en 2001 bajo los principios de la Economía de Comunión. Siempre entendimos el turismo como una herramienta de distribución: “cascadear” recursos hacia donde más se necesitan, trabajando codo a codo con emprendedores y comunidades en todo el país.

Sin embargo, tras casi 25 años como referentes del turismo solidario, el proceso para certificar como Empresa B nos puso frente a un espejo incómodo. Nos preguntaron: “¿Cómo están gestionando el impacto en el territorio donde la empresa opera?”.

Nos dimos cuenta de que no era suficiente cuidar los destinos turísticos si no mirábamos qué pasaba en nuestra propia comunidad. Y bastó con mirar para descubrir una necesidad urgente.

De un jardín que cerraba a una escuela que vive

En el Municipio de José C. Paz, provincia de Buenos Aires, el jardín de infantes “Padre Pedro Leonardi” estaba a punto de desaparecer porque la congregación que lo gestionaba hasta el momento tenía que irse. 

En uno de los distritos con mayor vulnerabilidad educativa (lo que implica escasez de vacantes, falta de infraestructura y sobretasa en la edad de los estudiantes), ese jardín era un espacio crucial para los alrededor de 90 chicos que asistían y sus familias.

Aunque no teníamos experiencia en gestión escolar, aunque veníamos de entornos distintos y el desafío parecía gigante, decidimos responder. A través de la Fundación Charis Argentina —de la que formamos parte empresarios y profesionales de la educación y comunicación— tomamos la gestión para que ese jardín siguiera existiendo.

En 2019 comenzamos y poco tiempo después (pandemia de por medio) fue claro que la necesidad iba más allá. Había que ofrecer continuidad educativa. Con el apoyo del Movimiento de los Focolares, que cedió su centro de formación y espiritualidad, conocido como el Centro Mariápolis y lindero al jardín, así como el esfuerzo de amigos, familiares, otras empresas y la propia comunidad, lo increíble se hizo realidad:

  • En 2022, abrimos la escuela primaria
  • En 2025, inauguramos el nivel secundario.
  • Y este 2026, por primera vez, los tres niveles comienzan el ciclo lectivo en un mismo edificio unificado, integrando finalmente el jardín al predio principal.

En total, casi 400 niños y adolescentes forman parte de la matrícula hoy

Chiara Lubich: Un punto de referencia barrial

Hoy, el colegio no es solo un conjunto de aulas; es un espacio de formación integral y de comunidad:

  • Es una escuela pública de gestión privada que se sostiene gracias al compromiso de las familias que la eligen y aportan una cuota mínima, que siempre buscamos que sea lo más accesible posible. 
  • Los docentes nacieron y crecieron en el mismo barrio, por eso conocen mejor que nadie la realidad y necesidades de sus estudiantes y familias. 
  • Se desarrollan actividades extracurriculares, talleres para padres, espacios de escucha, propuestas culturales y celebraciones que fortalecen el tejido social del barrio. 
  • 50 chicos y chicas pasaron por nuestros talleres de alfabetización. Había brechas importantes, especialmente en segundo grado, y logramos reducirlas. 

 

Por todo esto, Chiara Lubich se convirtió en un punto de referencia y contención. No solo se educan niños; se acompañan 160 familias

¿Cómo lo hacemos? Con un seguimiento personal y humano de cada una de ellas para entender quiénes son, dónde viven, cuáles son sus situaciones. Cuando realmente mirás y escuchás a la comunidad con asertividad y empatía, ellos se abren y se involucran. 

La asistencia aumentó y hoy el 80% de la matrícula está regularizada. Para este año, nos queda el desafío de seguir trabajando para reducir el 20% restante, que todos los alumnos vengan a la escuela a continuar sus trayectorias escolares. 

 

Todo esto confirma que cuando una comunidad se organiza, el futuro cambia.

La empresa como actor social

¿Qué tiene que ver una escuela con una agencia de viajes? Para nosotros, todo.

Ser Empresa B significa reconocerse como un actor social con la capacidad de generar transformaciones. Es ser una organización con fines de lucro que entiende la rentabilidad no como un fin en sí mismo, sino como el habilitador para generar bienestar colectivo.

 

 

Que la escuela hoy funcione y siga ampliando su impacto no es un logro de Boomerang Viajes, sino de una red sumamente valiosa: los docentes, las familias, las empresas que de diferentes formas apoyan el proyecto, y también de nuestros viajeros. Porque cada persona que nos elige para recorrer el mundo nos permite seguir avanzando en este camino. 

Detrás de nuestro logo de Empresa B hay 25 años de trayectoria concientizando al sector, hay más de 100 emprendedores locales de impacto, hay una gestión responsable de nuestra huella de carbono… y también hay una escuela que hace unos días comenzó su quinto ciclo lectivo en comunidad.