Cada viaje también puede ser una forma de cuidar el planeta

Hola, soy Bettina, directora de Boomerang Viajes. Hay fechas que nos invitan a detenernos un momento y mirar más allá de la rutina. El 30 de julio, cuando se conmemora el Día del Sobregiro de la Tierra, es una de ellas.

Si no conocés esta fecha, seguí leyendo, porque nos deja una pregunta muy valiosa para todos: ¿cómo impactan nuestras decisiones en el planeta que habitamos?

El Día del Sobregiro de la Tierra marca el momento del año en que la demanda de recursos naturales y servicios ecológicos por parte de la humanidad supera la capacidad que tiene el planeta para regenerarlos durante ese mismo año

En otras palabras: A partir de hoy comenzamos a vivir “a crédito”, utilizando recursos que la Tierra ya no puede reponer al mismo ritmo. Se los estamos quitando a las generaciones futuras. 

Este cálculo compara la biocapacidad del planeta, es decir, su capacidad para regenerar recursos y absorber residuos, con la huella ecológica de la humanidad, que mide cuánto consumimos cada año (ver más en este artículo de National Geographic).

 

Trabajo en turismo desde hace más de 25 años y, si algo aprendí en este tiempo, es que viajar no es solamente trasladarse de un lugar a otro. Cada viaje es una elección: elegimos qué destinos visitar, qué proyectos apoyar, qué economías fortalecer y qué relación queremos construir con los lugares que conocemos.

Muchas veces se plantea al turismo únicamente desde el impacto que genera. Y es cierto que toda actividad humana deja una huella, pero también creo que el turismo puede ser parte de la solución cuando se desarrolla con respeto, planificación y una mirada de largo plazo. No se trata de dejar de viajar. Se trata de hacerlo de otra manera.

El turismo también puede ser parte de la solución

Cuando una comunidad encuentra en el turismo una fuente de desarrollo, aparecen nuevas oportunidades para conservar su patrimonio natural y cultural, fortalecer las economías locales y generar empleo sin perder la identidad del territorio. 

Importa elegir prestadores comprometidos con el ambiente, respetar las comunidades que visitamos, consumir productos locales y entender que cada destino tiene tiempos, costumbres y recursos que merecen ser cuidados.

Viajar con otra mirada

Estoy convencida de que los mejores viajes no son necesariamente aquellos en los que hacemos más cosas o recorremos más kilómetros. Son los que nos permiten mirar un lugar con otros ojos.

Son los que nos ayudan a comprender por qué un bosque necesita ser protegido, por qué un humedal es fundamental para la biodiversidad o por qué preservar las tradiciones de una comunidad también es una forma de cuidar el patrimonio.

Viajar puede despertar esa conciencia de una manera que pocas experiencias logran. Porque es muy distinto leer sobre un lugar que caminarlo, conversar con quienes viven allí y entender todo lo que existe detrás de un paisaje.

Cada decisión suma

En Boomerang Viajes creemos que el turismo tiene la capacidad de generar un impacto positivo cuando se planifica con responsabilidad y propósito.

Por eso, como Empresa B, buscamos que cada experiencia vaya más allá del viaje en sí. Incorporamos la medición de la huella de carbono en nuestros programas, promovemos propuestas que valoran el patrimonio natural y cultural de cada destino y trabajamos junto a comunidades y organizaciones que comparten una misma mirada sobre el desarrollo sostenible.

No porque pensemos que existe un turismo perfecto, sino porque creemos que siempre es posible hacerlo un poco mejor.

Una invitación a reflexionar

El Día del Sobregiro de la Tierra busca recordarnos que vivimos en un planeta con recursos finitos y que nuestras decisiones cotidianas tienen consecuencias. Como viajeros también formamos parte de esa realidad.

Y quizás esa sea una de las preguntas más importantes que podemos hacernos antes de emprender cualquier viaje: ¿cómo quiero relacionarme con el lugar que voy a conocer?

 

Estoy convencida de que viajar seguirá siendo una de las experiencias más enriquecedoras que podemos vivir. A su vez,  creo que el verdadero desafío es hacerlo de una manera que permita que esos paisajes, esas culturas y esas comunidades puedan seguir existiendo para las próximas generaciones.

Porque, al final, cada viaje deja una huella y todos podemos elegir que esa huella sea positiva.